Planeta
Una explosión de la circunstancia, de estos tiempos estruendosos,
acarrea y expande, una vez más, el color que es emblema y
fosforescencia en el espectro nuestro.
Donde fluye la fuerte sangre, donde el sol se transforma
y engendra tormentas;
el contenido de una estación que persisto en crear,
que succiono del espíritu desolador que se aloja en esa
otra alma antagónica...
El tabaco y las cerillas hoy se incendiarán,
prenderán su fuego embriagador,
y revoloteando como antorchas exaltadas, chispeantes,
sorprendidas por estos intervalos,
arderán junto a la piel que cohabita con planetas.
Planetas que también reservan paisajes lejanos y libres,
calmos y expectantes de ser sacudidos por el ímpetu.
Planetas marinos, con Lunas y fortuna.
Pero hoy no es el futuro.
Hoy frente a mi desfilan tus pestañas,
tus colgantes cargados del delirio,
y el agujero de algodón de tus pantalones...
Y la magia, la magia desplegada en aquellos labios que gritan
y alimentan a estos espejos que llevo por carne,
que exclaman húmedamente el dulce discurso
de tu arte que levita y acelera,
que suavemente aguijonea mi recorrido músculo de sentir...
Y se hace inevitable pronunciarte,
lo abstracto se desdice, se amilana y se convierte
en caricia desesperada...
¡Rojo!
¡Rojo! ¡Rojo!
Te pronuncio...
Explosión y temblor.
Las distancias extintas saben a vino y saliva,
e inspecciono los específicos sabores de tu sinuosidad,
y me integro a tu espacio en vaivenes,
cálidos, inéditos, desbordantes...
Paisaje y burbuja creados en tu encantamiento y poder
emergido de la invocación de un veraniego homenaje a esta importancia,
del color que nos marca los pulsos y nos tiñe de presente.



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