Caracol
A veces hay que enviar mensajes al universo,
telegramas mentales a una inmensidad incierta,
cartas desesperadas hacia el vacío fiel
o a alguna estrella roja a punto de desaparecer...
Porque cuando uno camina por la línea punteada
de la carretera,
o deambula como un caracol en un círculo
dibujado con tiza llamado Infinito...
Es el tiempo de aullarle a un lobo,
es el momento de explosionar como un huevo en la sartén;
caliente de batallas perdidas y de falsas victorias,
hirviendo como estos ojos en los amaneceres amnésicos
con la lejía salpicada en la zona cerebral
donde se encarama el horror nocturno...
A veces hay que arrancar las páginas de los libros
que nos hicieron destruir
lo que habíamos levantado con la locura de nuestra voz,
de los sentidos provistos de largas uñas
y la desorbitada mirada...
Con la ternura e inocencia de la falsa libertad,
Con la música de nuestros mejores discos.
Y aquellos mensajes a la nada...
esos telegramas desesperados y mentales cartas
a los astros moribundos,
no dirán ni una palabra de tu voz.
Sólo del filo de mis ansias
y de este limbo
en donde el oído se entorpece,
donde los significados distorsionan el paisaje del aire,
del oxígeno que una vez respiré...
y que hoy se me escurre por el agujero
del bolsillo del pantalón.



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