Ojos


Melodía triste de este despertar.

¡Siempre hay música en la desgracia!

Asomar las pestañas a un planeta sin color, sin longitud de onda...
Con las entrañas como masa de angustia, con el gesto congelado,             pálido,

El clásico nudo en la garganta,
Carraspera metálica...

¡Y no lograr aniquilar esta matutina barrera! 
(No ser capaz de desactivar
el mecanismo que hoy me zumba al oído).

Anoche llovió y el olor a tierra me traspuso,
Me hizo respirar fuerte hacia el vacío
Oxígeno inerte acribillado por una noche lúgubre.

Y los sueños son lágrimas como viento helado.

Sueños de un solo cerebro,
que ya no incluyen tus ojos, tu danza, ni tu ego...
La lluvia ya no exclama tus palabras.

Mediodía que es noche sin tu locura
Cárcel de mis palabras, arrinconadas, sin valor ni propagación, sin letra ni voz.
Palabras sin acordes.

Las canciones que escondía tu cuerpo...
Tu cuerpo...
¡Tu venerable cuerpo!

Y en la copa de vino eterna que esta tarde se convierte en agrio ocaso solo veo el reflejo de lo negro.

Longitud.
Dos puntos en el mapa, tu alma y mi misterio,
y una línea diagonal que los une con trazo entrecortado, como mi voz, parecido a mi pulso…

¡Como el hilo de mis pensamientos!

Nerviosa manera de observar un camino con obstáculos que son tréboles negros, una vez más...

Que son trenes ciegos…

Creo haber llegado, pero caigo como en sueño de desvanecimiento prolongado, 
presurizado, 
             impotente…

Melancolía dulce que hoy me mordisquea la energía,
Que me seda, que me arrulla...

Larva del desastre.

Pronto veré su mirada penumbral atizándome en las heridas mas frescas, mas abiertas… ¡rojas!

Instinto que prolonga mis latidos, que llena de ceniza mi cerebro, que proyecta la vida de un modo difuso.


La lluvia ahora está en mis ojos.


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