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Inexistente
La música se convierte en confusión, se torna en magia rara matinal y destellos que hieren la vista con la
sutileza de un contraluz.
La vista de estos ojos que reaccionan violentamente a los
estímulos, que escalonados, no hacen más
que exigir un encantamiento inexistente, como un sol muerto.
Y si transformo así las vibraciones que me invaden, si desvío mi número de
la suerte hacia el vacío, es por no
sucumbir, una vez más, víctima de aquellos tréboles negros que ahogaron la
parte del cerebro que hoy reclamo.
Como un foco negro, como luz verde bajada del cielo del musgo
y las manchas de la humedad…
Ese cielo que comprime mi descarga con su magnificencia y su
horror lloroso, acuoso, desolador.
Vayamos a accionar los electromecánicos interruptores que
harían resplandecer con su sinfonía de hastío estas habitaciones con las cortinas
desgastadas…
Desgastadas por esta extraña alegría.
La música lo convierte todo en una confusión verde y
enmarañada… en electricidad mala, ruidosa, deforme…
La música lo convierte todo en esa extraña y desgastada
alegría.
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