Electroimán
Reminiscencias que atraen incertidumbre,
como electroimanes
cargados de tiempo,
de la memoria selectiva,
para bien o para mal,
del color lejano,
ajeno.
Generadores de ondas ocultas, punzantes...
en las que es inútil compaginar las neuronas que deseo utilizar,
las células que ofrecerán respuesta subconsciente.
Ondas que emanan de mi propia subjetividad cruel.
Y en este campo de influencia entre magnético y aturdido,
inicia su intervención el coro de los temores póstumos,
de los miedos moribundos que quieren abrazarme, tóxicos,
como gatos metálicos a punto de saltar sobre mi cara,
atónita, conteniendo este viejo espíritu egoísta, ensimismado, con sus catástrofes a cuestas, con carga extra de atardeceres negros y el mareo que produce la imagen de las noches que les suceden.
Desfilan sobre actuados, impostados
los pavores convertidos ya en grito,
en llanto impotente, árido, en gesto exagerado...
Y no hay alternativa a este espectáculo,
pequeña tortura.
mirada rígida al patético escenario del miedo, de la pesadilla que suda frío y que es película macabra en blanco y negro grisáceo.
Cuerpo atornillado a la butaca,
mirada ahora perdida...
Escenografía de olas de un mar de cartón,
de un mar de sobresaltos, mar ajeno
mar que se recrea cuando tu mente ondula maquinal hacia un planeta donde el simple oxígeno no basta para permanecer...
El planeta donde ocultas la parte del
cabello que echas de menos todas las
mañanas.



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