El ventilador, desgarrándonos
Prendí el ventilador por primera vez esta temporada de verano. Empezábamos a calentarnos ya como en pequeñas celdas de tortura en este barrio, sintiendo el olor de nuestra propia cocción; y, según recordaba, el penúltimo botón de la máquina de aire era el de velocidad baja.
Luego de activarlo y recibir el chorro de aire, convine que ésa era la velocidad que buscaba, conveniente a estas alturas del año en esta ciudad húmeda, festiva, gótica, melancólica… llamada Gor.
Después de unos días probé el segundo botón para ver si no estaba siendo engañado por mi mente y, para comprobar las sensaciones apenas palpadas hacía doce meses, activé el interruptor del centro. Pero no, la velocidad se incrementó de manera considerable, por lo que retorné al estado anterior.
Luego me angustié pensando que la máxima velocidad jamás había sido activada y posiblemente tuviera un desperfecto que llevaría a un corto circuito de grandes dimensiones, lo que causaría un incendio propio de los de San Francisco.
La pereza me llevó a no hacerlo en un primer momento, pero luego lo activé con coraje y valentía. El chorro aéreo me dio un choque espectacular y casi conmemorativo pues lo hacía mientras escribía este cuentucho.



Me gustó tu cuentito!!
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