Nitrógeno


La mañana ha devorado un espectáculo de astros, 
de Lunas, 
de mares reflejados con espuma estelar.

Y empieza a girar el mecanismo de esta ciudad hasta ahora inocente, 
         como un cuaderno en blanco, como un mar de algodón.

Respiro hondo sentado en la banqueta fijando mi mirada en un trazo lejano.

Punto fijo, pulmones de nitrógeno.
Mirada impasible, oxigenando el interior, hasta ahora sosegado...
Absorbiendo este reflejo del ser que, matinal, habito aún. 

Se despierta con un cálido viento el día y su gente, con rostro testigo de haber devorado la noche también.

Se iniciará inminente el movimiento, la confinación, el oír de voces, 
      el rugir de motores enardecidos en revoluciones por una unidad de tiempo neurótico, opaco…

Es verano, 
pero esta vez con gaviotas, ligeras, frágiles...
¡Similar a este comienzo!

Estación con tornillos,
                       
                      tornillos de ocho milímetros 
y máquinas de taladrar.


Y por momentos esa sensación 
que habla por mí con la humedad que zigzaguea
por la playa de un mar nuevo,

                             de agua que el silencio no permitirá mal tiempo.



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